martes, 12 de octubre de 2010

Tiempo, esfuerzo y dinero



Nunca fui bueno para la materias del área de Exactas ni para los negocios. Para darles un ejemplo, cuando entro a 4º año del CNBA, después de la clase de matemáticas, me quedo extasiado ante ese pizarrón lleno de fórmulas que Claudia, la profesora, dispone con una prolijidad de escriba. Mientras mis alumnos guardan sus últimas anotaciones sobre vectores (de eso me explicaron que se trataba la última vez) y se disponen a empezar mi clase, yo me quedo contemplando la profusión de signos sobre el pizarrón con el respeto con el que un neófito en arqueología se para frente a un muro constelado de jeroglíficos que acaba de descubrir de pura casualidad en una tumba perdida en medio del desierto. Agarro el borrador y, como un bárbaro que le asesta un martillazo a una estatua renacentista, horresco referens, cierro los ojos y arremeto con las y, las x, las potencias y las raíces cuadradas, reduciendolas a una fina lluvia de cal.
Tal vez por este hecho de que las ciencias exactas no son “my cup of tea” (¡tuve poquísimos buenos profesores como Claudia!), les guardo tanto respeto y, tal vez, también por eso, me orienté hacia los idiomas y las letras.

1-Impartir vs celebrar

Cuando cuento con entusiasmo alguna actividad con TICs que se me acaba de ocurrir o que estoy implementando en algún curso, una de las objeciones que se abate sobre mi cabeza con más frecuencia es “Ah, pero eso te lleva mucho tiempo. ¿Quién te lo paga?”. Como dije, las matemáticas y los negocios no son lo mío (lo reconozco con pesar) y frecuentemente me quedo sin palabras, medio desconcertado ante una pregunta que no suelo hacerme y que me agarra siempre desprevenido. Me siento como aquel que viene a anunciar que está organizando una fiesta y cuando dice “Venite, va a ser en tal lado, invité a tanta gente, vamos a poner tal música y a hacer tales actividades, está bueno” el otro le dice “pero cuánto te lleva organizar todo eso? ¿vas a tener fuerza para festejar después? ¿Vos vas a lavar y a ordenar todo?
Ya hice anteriormente esta comparación que suscitará con seguridad gran desacuerdo (pueden tomarlo como algo muy personal), pero en el fondo yo sigo sintiendo que la clase es un momento que se celebra. Se celebra el (re)encuentro con personas que uno ve con mucha frecuencia y con las que comparte aquello que le gusta (y espera hacer que le guste a ellos); para eso pasa tiempo preparando actividades que trae y que espera realizar en común, espera despertar curiosidad, interés, alegría (en ocasiones organiza alguna actividad lúdica) y finalmente, espera que lo que haya pasado en ese encuentro quede en la memoria de los asistentes, si no en su totalidad, por lo menos los momentos claves de dicho encuentro. Por esto mismo digo que no puedo dejar de ver la clase como un momento que debe ser celebrado y no impartido. De acuerdo, algunos me dirán que los alumnos  están obligados a asistir, pero creo que se puede hacer mucho para que pasen de la categoría de “público cautivo”, como se los suele denominar, a la de “invitados” a participar.

2-La máquina del tiempo

Volviendo al tema de las actividades que implican el uso de TICs, del tiempo que insumen y del esfuerzo que significan, me puse a pensar por qué la pregunta que me hacen colegas y amigos me agarra siempre desprevenido puesto que ya hace varios años que trabajo en esta dirección. Como siempre, hago un salto hacia el pasado y me voy a mis comienzos allá por la década del 90 cuando las computadoras, Internet, las plataformas virtuales y todo lo que tenemos hoy para aplicar a nuestro trabajo eran para mí desprendimientos de un relato de ciencia ficción. Me veo preparando clases al igual que lo hago hoy en día, creando actividades, ideando estrategias para mis alumnos. Todo eso me llevaba mucho tiempo de reflexión, de búsqueda y selección de material, de redacción, etc .
Lo que no me muestra esa visión del pasado es gente diciendome “Ah, pero eso te lleva mucho tiempo. ¿Quién te lo paga?”. Era así para todos por igual y, diferencias más diferencias menos, todos preparábamos nuestras clases de ese modo y lo hacíamos (quiero creer) contentos, sin mirar el minuto más o menos que nos llevaba la puesta en marcha de una actividad nueva que decidíamos lanzar por primera vez en un afán de innovar. 

3- Recompensas

Las TICs con su rápido avance produjeron, en general, cambios enormes en nuestra sociedad y la escuela junto con sus prácticas no están por fuera de eso.
Para mí, que empecé a incorporar las TICs a mis clases a partir del año ’97 aproximadamente, fue como mudarme de casa. Cuando en la vida me tocó una mudanza, las primeras semanas tenía todos los materiales con los que trabajo en cajas de cartón. De a poco los sacaba y los iba poniendo en lugares provisorios hasta que tenía la ocasión  de volver a rearmar el orden que tenían en la casa anterior (nunca me mudé en vacaciones que es cuando uno tiene todo el tiempo del mundo).
En esos primeros momentos, hasta que se logra reubicar todo, cuesta encontrar las cosas, uno las tiene delante de las narices pero no las ve, otras están perdidas en alguna caja todavía cerrada y entonces se tarda más de lo normal en preparar una clase, ni qué hablar de querer darle curso a una idea que justo se puso a germinar en ese instante en el que nada está a mano y el entorno nuevo no nos es del todo familiar.
Así sentí mi comienzo con las TICs, todo llevaba un poco más de tiempo, pero es hasta que uno acomoda las ideas y genera nuevos hábitos. Nunca me pregunté ¿Para qué me habré metido en esto que me lleva más tiempo que lo que hacía antes? Del mismo modo que nunca se me hubiera ocurrido preguntarme ¿Para qué me habré mudado si en la otra casa tenía todo ordenado y en su lugar?
Con respecto a si me pagan o no el tiempo extra, diría que antes nadie me pagaba el tiempo extra por preparar una clase sobre papel, o, si alguno prefiere, lo que me pagaban incluía el tiempo de preparación. En cualquier caso, si bien considero firmemente que el cambio hacia las TICs requiere capacitación, tiempo y, por supuesto, reconocimiento, también creo que para saber qué estamos dispuestos a hacer y qué no, cómo lo vamos a hacer y cómo no, tenemos que estar inmersos en la cuestión y saber de qué se trata, para reflexionar mejor sobre sus implicancias y sobre nuestras demandas.
Voy a ser muy sincero, y voy a reconocer que hay una respuesta que me viene a la cabeza cuándo me preguntan quién me paga el trabajo que hago con las TICs, pero que no esbozo, tal vez por temor a parecer demasiado idealista. Me lo pagan los alumnos cuando a fin de año manifiestan la satisfacción de haber avanzado (a pesar de que quede mucho por hacer); cuando me los encuentro por la calle, egresados ya, y me dicen que siguieron estudiando francés; cuando, como hace poco, una alumna que está estudiando para ser traductora de inglés me contó que los auxiliares “être” y “avoir” de los tiempos compuestos del francés (con los que yo insistía de manera casi obsesiva en clase, con actividades on line, etc) le habían servido para entender la distribución de los verbos transitivos e intransitivos en inglés desde una perspectiva gramatical particular que estaba estudiando; cuando otros recuerdan los trabajos que hacían en la plataforma virtual en grupos y cómo se divertían a la hora de estudiar, cuando me cuentan con orgullo que en tal viaje pudieron hablar con francoparlantes sin pasar por el inglés o que les hicieron de “intérpretes” a los padres y hermanos …
A la hora de pensar el esfuerzo que representa la actividad docente (para mí como para todos ustedes e independientemente de la tecnología que usemos) son las anécdotas de este tipo que me vienen a la cabeza y que hacen que sienta que hice bien en haber elegido el camino que elegí con sus mudanzas y todo. No los voy a aburrir con los ejemplos de esos pequeños grandes momentos que hacen que uno sienta que todo el esfuerzo valió la pena, ustedes seguramente también los conocen y a lo largo de una carrera se llegan a sumar miles…
Mientras esperamos que la integración de las TICs a las escuelas se siga organizando y contribuimos con la reflexión (y por qué no la práctica) a que sean acompañadas de politicas eficaces que contemplen las necesidades de un nuevo contexto para la educación, con esos miles, yo me siento bien pago.   

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